¿Te gustaría ser Carmelita Descalzo?
Porque Dios sigue llamando
 
Creemos en un  Dios que llama porque ama eternamente; llama amando. Y amando llama. El amor y la llamada son un movimiento inherente a su identidad. Él es quien lleva la iniciativa en el amor y en la vocación. En Él ponemos todas las esperanzas de que siga llamando a otros para que colaboren con Él en su misión. No buscamos ante todo la supervivencia de nuestras obras y proyectos, sino obreros para realizar el proyecto de Dios. Por eso seguimos confiando en que Él no dejará de llamar.

Si esto es así, ¿quiénes somos nosotros para pensar que Dios ha dejado de llamar o para poner límites geográficos, temporales o sociales a su llamada? Y, consecuentemente, ¿cómo no ser mediación de esa llamada?
 
En la Iglesia católica encontramos diferentes estados de vida y distintos modos de seguir a Jesús. Todos ellos son buenos, bellos y legítimos. Lo importante es que cada cristiano responda con fidelidad a lo que el Señor espera de él. Así pues, en la vida del bautizado, lo importante es que cada uno se ponga a la escucha de Dios para descubrir lo que el Señor le pide.


Entre las diferentes formas de seguir a Jesús encontramos la VIDA CONSAGRADA. Una existencia ENTREGADA a Dios viviendo el modo que JESÚS LLEVÓ EN LA TIERRA y que se expresa en los Consejos Evangélicos de castidad, pobreza y obediencia.